Hay decisiones que se cocinan a fuego lento.
Durante años he llenado mi casa de mesas largas, risas y platos compartidos. He preparado arroces para cumpleaños, tablas de quesos para aniversarios y pequeños bocados para reuniones improvisadas. Sin darme cuenta, estaba construyendo algo más grande.
Hoy ese algo tiene nombre propio Naralim: mi pequeño negocio de catering con productos gourmet.
Dar el paso no ha sido impulsivo. Ha sido la consecuencia natural de años cocinando con mimo, cuidando el producto y observando cómo las personas valoran cada detalle cuando se sientan a la mesa.
De la cocina familiar al proyecto profesional
Empezar un catering no consiste solo en saber cocinar bien. Implica organización, cálculo de costes, planificación y, sobre todo, una elección muy consciente de los proveedores.
Cuando decidí profesionalizar mi pasión tuve claras varias cosas. No quería trabajar con productos industriales sin personalidad, ni sacrificar sabor por ahorrar unos céntimos. Tampoco quería perder la esencia casera que siempre ha definido mi forma de cocinar.
Por eso me propuse encontrar un proveedor que trabajara conservas artesanas, aceites de oliva virgen extra con carácter, embutidos ibéricos auténticos, quesos bien afinados y dulces tradicionales elaborados con respeto por la receta original. Esa búsqueda marcó el verdadero inicio de mi proyecto.
Los productos gourmet: la base de Naralim
Cuando hablamos de un catering con productos gourmet, hablamos de criterio, coherencia y calidad real.
Un producto gourmet debe tener una materia prima excelente, tratada con cuidado, con un sabor definido y una presentación que transmita profesionalidad. Y en la mayoría de las ocasiones, detrás suele haber productores comprometidos y procesos bien ejecutados.
En esta etapa de búsqueda entendí que necesitaba apoyarme en un distribuidor de productos gourmet que seleccionara alimentos alineados con mi visión mediterránea. Contar con un proveedor especializado me permitió ahorrar tiempo, evitar errores y centrarme en lo importante: crear propuestas atractivas y rentables.
Trabajar con una selección bien curada facilita diferenciarse desde el principio, justificar precios acordes al valor ofrecido y construir una marca coherente. Para una pequeña empresa que empieza, esta base es determinante.

Beneficios de trabajar con un distribuidor especializado
En el sector del catering cada decisión impacta en la experiencia final del cliente. Por eso elegir bien al proveedor se convierte en una ventaja estratégica.
La homogeneidad en la calidad es uno de los factores más importantes. Si hoy ofreces una crema de pimientos asados artesana que encanta, necesitas que dentro de varios meses conserve el mismo sabor, textura y presentación. Esa constancia construye reputación.
También existe un beneficio claro en términos logísticos. Centralizar pedidos en un distribuidor especializado simplifica la facturación, reduce tiempos de entrega y facilita la planificación de eventos. Para un negocio pequeño que está empezando, esta eficiencia marca una gran diferencia.
Además, la imagen profesional mejora desde el primer servicio. El cliente percibe cuando una anchoa es excelente, cuando un queso está en su punto o cuando un paté tiene equilibrio y profundidad. Esa percepción se traduce en confianza y repetición.
Consejos prácticos para empezar en pequeño
No hace falta una gran infraestructura para comenzar. De hecho, empezar con una propuesta clara y bien definida suele ser más efectivo.
Yo opté por centrarme en mesas mediterráneas, tablas gourmet personalizadas, pequeños cócteles con productos selectos y eventos corporativos de tamaño reducido. Esta especialización me permitió optimizar compras y controlar mejor los costes.
Uno de los errores más frecuentes al iniciar un negocio de catering es calcular mal los márgenes. Es fundamental incluir transporte, tiempo de montaje, material desechable y horas reales de preparación. Cuando trabajas con productos gourmet, puedes fijar precios acordes a la calidad ofrecida sin entrar en guerras de precios poco sostenibles.
Competir únicamente por ser el más barato rara vez funciona a largo plazo. Es más inteligente diferenciarse por calidad, experiencia, atención al detalle y coherencia en el discurso gastronómico.
Abrir mi propio negocio de catering ha sido una evolución natural después de años cocinando para quienes quiero. La diferencia es que ahora lo hago con planificación, estructura y el respaldo de un proveedor que entiende mi forma de trabajar.
Porque al final todo se resume en algo muy sencillo: buen producto, manos honestas y ganas reales de compartir.
Si tú también estás pensando en dar el salto, empieza por la base. Elige con criterio. Cuando el producto es sólido, el proyecto crece con firmeza.

